EL YOGA EN MI VIDA: HERRAMIENTA, ANCLA, INSPIRACION, VOCACION

 

Para mí,  yoga es tomar consciencia… de mi cuerpo, de mi mente y sus pensamientos, de mis emociones. Es permanecer presente, en el aquí y el ahora. Las posturas no son importantes, no son el propósito de mi práctica de yoga.  Las posturas son sólo herramientas para lograr mi propósito de mantenerme presente y consciente, pero no dejan de ser simples herramientas. Las posturas me permiten enfocarme en el presente, porque mientras estoy en una postura o cuando paso de una postura a otra, no puedo pensar en otra cosa que no sea en este momento: en mi respiración, en cerrar las costillas, en activar el abdomen, en estirar una pierna o doblar un codo… las posturas son tan complicadas, que necesito pensar en lo que estoy haciendo con mi cuerpo y con mi respiración en este preciso instante para no caerme o lastimarme; mientras hago posturas, no puedo ir al pasado para recordar ni al futuro para planear… y por ello me mantienen en el presente, en el aquí y el ahora.

En mi tapete aprendo a enfocarme en el presente y con ello, a dejar ir pensamientos… pero también aprendo a dejar ir emociones; como humana que soy, en mi práctica puedo sentir frustración, enojo, euforia, orgullo, tristeza, envidia, celos, alegría, soberbia… pero no pudo aferrarme a ninguna de estas emociones, porque entonces no puedo continuar experimentando mi práctica. Y cuando aprendo a dejar ir mis emociones; cuando descubro que no existe LA postura perfecta, sino que todas las posturas son perfectas; que no pasa nada si las posturas no salen como yo quiero, que no pasa nada si me caigo; que debo escuchar a mi cuerpo y ser compasiva con él para no lastimarme y que está bien admirar y alegrarse por lo que los demás hacen, entonces… aprendo a ser feliz. En mi tapete aprendo compasión, aceptación, admiración por los demás, tolerancia hacia mí misma y hacia los demás, paciencia, disciplina, esfuerzo, dedicación y superación, entre otras muchas cosas. En mi tapete, por medio de las posturas, adquiero flexibilidad en mi cuerpo y en mis juicios; fuerza en mis músculos y en mis convicciones; equilibrio sobre mis pies y mis manos, pero también en mi vida.

Y cuando llevo estas enseñanzas a mi vida diaria, fuera de mi tapete, soy más feliz. Y siendo más feliz, me convierto en una mejor versión de mí misma, en una mejor persona, y puedo entonces llevar la alegría por donde voy, y puedo así contribuir a que este mundo sea un mejor lugar para todos los seres que lo habitamos… para dejar un mejor lugar para las siguientes generaciones.

Esto lo aprendí en mi práctica personal de posturas de yoga y aprendí a compartirlo de manera profesional y segura para mí y para los demás en mi entrenamiento para maestros de yoga en VY Vinyasa Yoga. Si quieres tú también contribuir a expandir este mensaje mundo de PAZ, AMOR y LIBERTAD alrededor de ti, te invito a que te prepares conscientemente en nuestro entrenamiento de 200 horas para maestros de yoga. Te esperamos con los brazos y el corazón abierto.

Namasté,

Marina